¿Qué significa ser el Hijo de Dios?

Eschucha mp3
I Domingo de Cuaresma, Año C: 17 Febrero 2013
Dt 26, 4-10; Sal 90; Rom 10, 8-13; Lc 4, 1-13

Hace varios años, mientras que yo estaba en el seminario, tuve la oportunidad de ver a Joel Osteen en la televisión por primera vez. Yo había oído de él, de este predicador protestante evangélico mirado por un número creciente de personas, pero yo no lo había visto. ¿Cómo sería? ¿Qué diría? Vi al hombre, de pie cerca de la forma de un gran globo: le dijo a sus oyentes que eran hijos de Dios; hijos del Rey; ¡personas reales! Y yo pensé: ¡Muy bien; buen mensaje! Porque esto es de verdad lo que Cristo nos ha hecho en el bautismo, adoptándonos en su filiación, haciéndonos hijos e hijas adoptivos de Dios. Es un mensaje importante, y es uno que necesitamos recordar una y otra vez.

Y luego continuó a aplicar ese mensaje. Ser un hijo o una hija del Rey significa—¡que usted es un ganador! ¿Qué?, pensé. El predicador explicó que deberíamos tener éxito en todos nuestros esfuerzos terrenos: el éxito material, el éxito de la relación. Y yo pensé, no, eso no es el destino normal de ser un hijo de Dios. Sólo necesitamos mirar a Jesús, el Hijo unigénito de Dios. Claramente, Joel Osteen tenía una vista muy confusa de lo que significaba ser el Hijo de Dios.

Y oímos una vista de confusión semejante, del diablo, en la lectura del Evangelio de hoy.

Puede ser que el diablo fue confundido en sí mismo. Es cierto que él no sabe todo, y podría ser que él no estaba muy seguro de quién era este Jesús, de cómo era, o de con qué fin había venido. Es posible que el diablo no sabía, como nosotros sabemos ahora, que Jesús era verdadero Dios y verdadero hombre, y que él había venido, sobre todo, para entregar su vida por la salvación del mundo y para resucitar como las primicias de la resurrección. Es posible que Satanás no sabía nada de esto; que era genuinamente confundido y trataba de descubrir quién era Jesús y de qué trataba.

Ya sea que el diablo estaba confundido o no, es seguro que presentó una imagen confusa en lo que dijo mientras trataba de tentar a Jesús. Piensen en la imagen que surge en sus palabras:

  • El Hijo de Dios usará poderes milagrosos para satisfacer su propia hambre física.
  • El Hijo de Dios deseará el poder de todos los reinos del mundo; y estará listo a adorar a Satanás para conseguirlo.
  • El Hijo de Dios deseará tener una demostración de su relación especial con Dios delante de todo el mundo; y estará listo a lanzarse desde una altura peligrosa para conseguirlo.

¡Qué imagen de un Hijo de Dios! Esa no parece al Jesús que conocemos, ¿verdad?

Pero parece un poco a la imagen distorsionada de Dios que Satanás presentó a Adán y Eva cuando les tentaba en el Jardín del Edén. ¿Qué fue lo que dijo acerca de comer el fruto del Árbol del Conocimiento del Bien y del Mal? (Lo que se les había prohibido comer.) “Dios sabe … que … tus ojos se abrirán y seréis como dioses que saben lo que es bueno y lo que es malo.” Una parte de la tentación que estaba colgando en frente de nuestros primeros padres fue que parecerían más a Dios; pero el Dios al cual parecerían, era un dios obsesionado con el poder y el conocimiento y con acaparar todo para sí mismo y que estaba dispuesto a forzar y engañar para lograr esto. Por medio de su pecado, sí que llegaron a parecer más a esta imagen falsa de Dios; pero llegaron a parecer mucho menos al Dios verdadero, porque él es amoroso y generoso, bueno, fiel, y santo. ¡Habían sido creados en su imagen!—Y luego se convirtieron a parecer mucho menos a él por su pecado.

Pero donde Adán y Eva cayeron, nuestro Señor Jesús se quedó fuerte contra las tentaciones del diablo. Y en sus respuestas, vemos una imagen muy diferente de lo que realmente significa ser el Hijo de Dios. ¿Qué es esta imagen?

  • Primero, observamos que él cita las Escrituras una y otra vez, para refutar las mentiras del diablo. El Hijo de Dios sabe la verdad que Dios ha revelado, y él se mantiene firme en ella, que le hace capaz de penetrar fácilmente el humo y los espejos de las mentiras del diablo.
  • Segundo, él responde: “El hombre no vive solamente de pan”—una cita del libro del Deuteronomio que concluye, “sino de toda palabra que sale de la boca del Señor.” El Hijo de Dios se sustenta por la relación viva, minuto a minuto, con Dios Padre.
  • Tercero, rehusa a adorar al diablo, aunque sea por un instante. Él no va a cometer el mal en un vano intento de hacer el bueno; no será comprometido ni engañado. Él sabe que sólo Dios es digno de adoración, y sólo Dios es digno de ser nuestra máxima prioridad.
  • Cuarto, él es seguro y totalmente confiado en su relación al Padre. El no trata de manipular al Padre hasta realizar un milagro público para salvarle de un daño físico y validarlo delante de todo el mundo. En cambio, se convierte al Padre para recibir la fuerza en este momento de la tentación.

Y así, el verdadero Hijo de Dios surge como un verdadero vencedor sobre las tentaciones del diablo. No como un ganador en el sentido terreno, con un montón de pan para comer y todo el poder del mundo y un milagro público que muestra qué especial es. Sino como un verdadero vencedor, como conquistador: no engañado por las mentiras del diablo como había sido el primer Adán, no comprometido, no atrapado y esclavizado, sino más bien interiormente fuerte y libre y santo, con su relación con el Padre sostenida y más fuerte que nunca.

Esto es lo que significa ser el Hijo de Dios. Y Cristo nos llama a seguirle en este camino, los que hemos sido adoptados como hijos e hijas de Dios en el bautismo—no para ser ganadores en el sentido terreno, sino vencedores en la batalla espiritual. No para separarnos de Dios en los momentos de tentación por caer en el miedo y la desconfianza de él; sino a girarnos a él, a creer en él, a confiar en él, y a recibir la fuerza y la liberación que necesitamos a través de nuestra relación viva, minuto a minuto con él.

Y así es que en esta Cuaresma volvemos a seguir a nuestro Señor Jesús en el desierto durante 40 días, a acercarnos más a Dios Padre, y a participar en la batalla espiritual. Las formas de ayuno cuaresmal que emprendemos nos harán menos como ganadores por los estándares terrenos, e incluso pueden hacernos más vulnerables a ser tentados o presionados en el pecado, ya que nos hacen más débiles en el sentido físico y terreno. Pero estos son momentos en que debemos seguir a nuestro Señor Jesús en volverse a Dios Padre: “Mi refugio y fortaleza, mi Dios, en quien confío”.

Y así, “en todas estas cosas somos victoriosos a través de aquel que nos amó.” Esto es lo que significa ser un hijo o una hija de Dios; esto es lo que se necesita para ser un vencedor.

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