Epifanía: ¿Cuál de los reyes eres tú?

Eschucha mp3
La Epifanía del Señor: 6 Enero 2013
Is 60, 1-6; Sal 71; Ef 3, 2-3.5-6; Mt 2, 1-12

Hoy oímos la historia de tres reyes. Pero cuando digo “tres reyes,” no pienso en los magos, tradicionalmente numerados como tres, con los nombres de Gaspar, Melchor, y Baltasar. En cambio pienso en otro grupo de tres reyes—¡y tú mismo eres uno de ellos! Pero, ¿cuál eres?

El rey primero es el Señor Dios, que en el principio creó el cielo y la tierra; y todo era muy bueno. Pero entonces pecaron nuestros primeros padres, corrompiendo no sólo a todo ser humano sino también todo el universo. Pero Dios no nos dejaría en nuestra miseria caída; empezó a cumplir un gran proyecto para salvarnos. Primero, se enfocaría en un foco muy pequeño: un solo hombre, una sola familia, una nación. Se enfocaría en ellos para revelar la verdad de sí mismo y de ellos, y para enseñarles sus caminos rectos. Pero siempre el plan era expandir: tender la mano y difundirse, desde este pueblo elegido, hasta todo el mundo.

Y así, cuando había venido la plenitud del tiempo, el Padre envió al Hijo para asumir la naturaleza humana, para hacerse hombre verdadero, y para nacer en la Nochebuena. Y todo fue muy escondido y muy calmado, en las vidas de la Virgen y de San José, en aquella noche. Pero no pudo permanecer así. Esa misma noche, las noticias fueron anunciadas a pastores vecinos por un ángel. Y las noticias se difundieron aún más allá. Porque había venido el momento de empezar con más eficacia la salvación de todo el mundo. Como había dicho hace muchos siglos por medio del profeta Isaías:

Poca cosa es que tú seas mi siervo, para levantar las tribus de Jacob y para restaurar a los que quedaron de Israel; también te haré luz de las naciones, para que mi salvación alcance hasta los confines de la tierra. (Is 49, 6)

Y así Jesucristo, la Luz del Mundo, fue anunciado al mundo—revelado, manifestado, como significa “Epifanía”—por medio de la luz de una estrella. ¡La salvación prometido ha venido! ¡Emanuel, Dios-con-nosotros, ha nacido! Pero, ¿quién verá la estrella? ¿Quién responderá al mensaje?

Eso es el rey primero. El rey segundo, o segundo grupo de reyes, son los magos de Oriente. Los mago, originalmente, fueron una casta de sacerdotes persas que interpretaron los sueños; y se asociaba con ellos la ciencia de las estrellas en la astrología. Si estos magos particulares que viajaron a la Tierra Santa fueron reyes también, las Sagradas Escrituras no nos dicen; pero, por lo menos, podemos estar seguros que eran hombres responsables que quisieron gobernar bien a sí mismos en sus propias vidas; y así eran un tipo de rey, como nosotros también somos.

Y ¿qué vemos en estos magos? Vemos que eran buscadores. Habían aprendido bien la ciencia especializada de su casta; la practicaron; y por eso inmediatamente notaron surgir
la estrella que significó un rey recién nacido. Y parece que eran alerta para algo, esperando algo, aún teniendo hambre de algo: de algo importante en la historia del mundo, y algo importante para ellos también con una significancia muy íntima. Lo buscaban; lo vieron; y respondieron, viajando a la Tierra Santa, siguiendo esa estrella, y llenos de inmensa alegría cuando encontraron a él que buscaban.

Vieron al niño con María, su madre, y postrándose, lo adoraron. Después, abriendo sus cofres, le ofrecieron regalos: oro, incienso y mirra.

Estos reyes buscadores encontraron; fueron llenados de alegría; y fueron realizados personalmente por estar en la presencia de Jesús, adorándolo, respondiendo a su amor.

Ellos, juntos, son el rey segundo. Y el rey tercero es el Rey Herodes el Grande. Reinó en la Tierra Santa, bajo el Imperio Romano, desde cerca el año 37 hasta el año 4 antes de Cristo. Durante su reinado, unos de sus logros eran unos proyectos maravillosos de construcción. Reconstruyó el Templo de Jerusalén, haciéndolo una de las maravillas del mundo; y un parte de ese proyecto fue expandir la cima de la colina en una plataforma de piedra más amplia para el complejo del Templo; y esa plataforma ha llegado hasta nuestros días, con la Cúpula de la Roca ahora sentada sobre ella. También construyó un puerto artificial en el Mediterráneo para establecer una nueva ciudad portuaria, Cesarea Marítima; y el puerto duró muchos siglos, aunque no había nadie para reparar y mantenerlo, hasta que fue demolido por las tormentas.

El Rey Herodes tuvo estos logros; pero los tuvo por medio del asesinato, la extorsión y la tiranía. Con desesperación, intentó mantener su control, hasta el punto de matar aún a su esposa y dos de sus hijos. Entonces, ¿cómo respondió cuando llegaron los magos en Jerusalén, buscando al rey de los judíos recién nacido? Como se esperaría. Y no fue que rehusó creer el mensaje: sí que creó que el Mesías prometido había nacido, y que el lugar de la natividad fue, como profetizado, en Belén. ¡Oyó el mensaje y lo creó! Pero lo rechazó: rechazó su invitación. Quiso mantener su propio control de su reinito; no quiso aceptar la salvación ofrecida a él por el Señor. Y así concibió su plan secreto, y mintió a los magos; y después, cuando ellos no volvieron para decirle exactamente quién y dónde fue el rey recién nacido, mandó matar a todos los niños que había en Belén y en todos sus alrededores, de dos años para abajo. (Mt 2, 16)

Él es el rey tercero. Y ¡qué diferencia entre las repuestas de los magos y del Rey Herodes a nuestro Señor Jesús! En los magos, vemos el buscar humilde y encontrar y adorar y ser llenado por alegría; en Herodes vemos mentiras y rechaza y furia asesina.

Y tú: ¿cómo responderás? Porque esta historia de tres reyes aplica a cada uno de nosotros. El rey primero, el Señor Dios, te tiende la mano: el Padre te revela el Hijo, que te ofrece la salvación. Y, ¿cómo responderás? ¿Cuál de los reyes serás? ¿Buscarás y recibirás y abrazarás, en alegría, como los magos? O ¿permanecerás cerrado y rechazando, como Herodes?

Ofrezco tres preguntas cortas para tener en cuenta, en este principio de un año nuevo. Primero, ¿haces tiempo para recibir la epifanía, la revelación, del Señor? Como el Padre anunció el nacimiento de Cristo por una estrella—también el Señor te tiende la mano para comunicar contigo. ¿Te haces abierto para oírlo? Considera el valor de un tiempo diario de orar y de meditar en las Escrituras; quizá aún aquí en la iglesia o en otra parroquia para hacerlo en la presencia real del Señor en el Santísimo Sacramento; para que puedas oír la palabra que te quiere hablar.

Segundo, ¿aceptas su palabra a ti o la rechazas? ¿Sigues donde te guía, o te cierras a él? ¿Vives según la enseñanza moral que te ha dado por su Iglesia? ¿Respondes a su llamada en tu vida; a la misión que quiere que tú realices; a su llamada a la verdad y el amor generoso? ¿Respondes “sí” como los magos, o “no” como Herodes?

Tercero, ¿conoces a alguien muy cerca que necesita ver la luz de Cristo? —¿a alguien que puede estar buscando y anhelando como los mago? ¿alguien con quien podrías compartir la noticia radiante de nuestro Señor Jesucristo?

Verás esto radiante de alegría; tu corazón se alegrará, y se ensanchará… ¡Levántate y resplandece; porque ha llegado tu luz! ¡La gloria del Señor alborea sobre ti!

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¿Quieres mandar una carta al Padre Dan?

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