Ven al Pan de la Vida

Eschucha mp3
XVIII Domingo Ordinario, Año B: 5 Agosto 2012
Ex 16, 2-4.12-15; Sal 77; Ef 4, 17.20-24; Jn 6, 24-35

¿Por qué vienes a Misa esta tarde? Como la muchedumbre en la lectura del Evangelio, cada uno has viajado a este lugar—no por barca, como ellos, sino por coche, o quizá por andar. Y, ¿por qué has venido? ¿Buscas a Jesús, como buscaron ellos? ¿Dónde esperas encontrarlo? Y ¿qué esperas recibir de él?

En la semana pasada, oímos que Jesús alimentó milagrosamente a esta muchedumbre de 5000 hombres, sin contar las mujeres y los niños, con cinco panes y dos pescados, hasta que se saciaron. Y oímos que, después de ver esta demonstración maravillosa de su poder divino, quisieron llevárselo para proclamarlo rey—para que él fuera el líder revolucionario que los ayudaría en vencer sus opresores romanos. Así entendemos por qué, el día siguiente, descubriendo que no estaban Jesús ni sus discípulos, fueron para buscar a Jesús.

Y, cuando lo encuentran, nuestro Señor Jesús se dirige primero a su razón, su motivación. ¿Por qué lo buscan a él? ¿Por qué han venido? Dice: “Yo les aseguro que ustedes no me andan buscando por haber visto señales milagrosas, sino por haber comido de aquellos panes hasta saciarse.” El día anterior, habían comido; ahora, ¡esperan recibir más! Lo buscan por su hambre física.

Y ésa no es razón mala. Sabemos que comer es necesario para sostener nuestra vida como criaturas corporales. Con intención, Cristo obró el milagro de la multiplicación de los panes: para entrar en el área en la cual ellos se enfocaron; y, dentro de ella, tocarlos y mostrar su poder; y, por eso, atraer su atención a sí mismo. Pero, ahora, por tener su atención, puede redirigirla a lo que necesitan aún más—al don que es el mayor que tiene para dar.

¿Cuáles son las razones que te impulsan a venir a Misa, o a buscar a Jesús de otra manera?

  • ¿Cumples un mandamiento—de sus padres (si eres niño o joven), o de nuestro Señor por medio de su Iglesia?
  • ¿Quieres aprender algo; recibir sabiduría; contestar una pregunta?
  • ¿Buscas consuelo, ánimo, o motivación?
  • ¿Buscas paz y un momento para reflexionar?
  • ¿Buscas el amor, la aceptación, el perdón?
  • ¿Pides ayuda para lograr algún objetivo o escapar de algún problema?

Cualquiera que sea su razón para buscar a Jesús, lo importa a él. Jesús te ama dentro de esa razón, y lo importa a él.

Pero es posible que esté tratando de redirigir su atención a otra, que te importa aún más, aunque no te está enfocando en ella ahora mismo. Es posible que quiera darte un don aún mayor, que necesitas aún más. Y por eso dijo a la muchedumbre en aquel día: “No trabajen por ese alimento que se acaba, sino por el alimento que dura para la vida eterna.” Y, después de una discusión sobre el maná, dice: “El pan de Dios es aquel que baja del cielo y da la vida al mundo.”

Claro que la muchedumbre responde: “Señor, danos siempre de ese pan.” Y entonces Cristo puede responder con la frase clave: “Yo soy el pan de la vida. El que viene a mí no tendrá hambre y el que cree en mí nunca tendrá sed.”

Permite que te cuente una historia. Hace siete años, durante mi tiempo en el seminario, la arquidiócesis me envió a un programa de verano en Omaha sobre la espiritualidad, que empezó en un retrato silencioso de ocho días, en el cual realizamos un parte de los Ejercicios Espirituales de San Ignacio de Loyola. En aquellos ocho días, todos los días asistimos a Misa, escuchamos algunas charlas, y reunimos con nuestro director espiritual personal; pero, además, pasamos cuatro periodos de una hora en la oración. Cuatro horas, en todos los días.

¿Cómo te parecen? ¿Te parecen vacías o aburridas? ¡No fueron así! Fue una de las semanas mejores de mi vida. Porque es verdad que nuestro Señor Jesús es el pan de la vida, y que el que viene a él no tendrá hambre. Lo que oí de él en aquellos ocho días, lo que recibí de él, lo que sanó dentro de mí y fortaleció dentro de mí, fue maravilloso y precioso. Y salí de aquellos ocho días con un amor verdadero para él.

Y entonces, después de unas semanas, cuando estaba visitando a mi padre, lo conté y dije: Es la respuesta, ¿no? ¿No sabemos que, si sólo traemos a personas a este tipo de contacto personal extendido con el Señor, él hará para ellos todo lo que necesitan?

Hermanos y hermanas, deseo esto para ustedes. ¡Quiero que conozcas al Señor con la misma profundidad con la cual él desea conocerte a ti! Y estoy seguro que, si te abres a ti mismo, si abres tu corazón, para él, te lo dará exactamente lo que necesitas. Y eso no es necesariamente lo que crees que quieres, ni lo que esperas—pero él te lo dará todo lo que necesitas, profundamente y de verdad, más allá de lo que ahora sabes.

Si debo elegir sólo dos pasos en cumplir eso, elijo estos dos. Primero, en las semanas que vienen oiremos en este capítulo 6 del Evangelio de San Juan que nuestro Señor Jesús nos habla de darnos su propia carne y sangre en la Eucaristía. Y ésta es una manera muy especial de encontrar a él: en la Misa, y también fuera de la Misa, por venir a estar con él, verdaderamente presente en el Sacramento Santísimo. Te animo a venir aquí, o a otra parroquia católica, para orar delante del tabernáculo, en el cual está reservado el Santísimo. San Bartolomé está abierta durante todos los días, para que puedas venir y visitar a él. Y en todos las mañanas feriales, en el periodo entre los dos Misas de la mañana, desde las 7.30 hasta las 8.30, hay una Hora Santa con exposición Eucarística—cuando puedes mirarlo a él, y él puede mirarte a ti.

Segundo, uno de los sacramentos es un encuentro a él que es especialmente personal e íntimo. Ése es la confesión, el sacramento de penitencia y reconciliación. En ella, personalmente, todos tenemos la oportunidad de quitar la máscara y derramar lo que hemos llevado en nuestro corazón—y recibir su amor personal para ti, su misericordia, su perdón. Por favor, por lo menos una vez al mes, ven a él en la confesión.

En la oración y la adoración, en la confesión y el perdón, ven al Pan de la Vida. El que viene a él no tendrá hambre y el que cree en él nunca tendrá sed.

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¿Quieres mandar una carta al Padre Dan?

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