Elegido para una misión

Eschucha mp3
XV Domingo Ordinario, Año B: 15 Julio 2012
Am 7, 12-15; Sal 84; Ef 1, 3-14; Mc 6, 7-13

¿Cómo quieres estar después de 10 años? ¿Dónde quieres estar, y qué quieres estar haciendo? ¿Quién quieres ser, y con quiénes? ¿Qué tipo de éxito quieres? ¿Y cómo alcanzarás ese éxito—por medio de qué fuerzas, habilidades, o recursos? ¿Qué misión personal quieres cumplir? ¿A quién quieres agradar? ¿Quién quieres ser después de 10 años?

Quizá sabes las respuestas exactas; o quizá ya tienes sólo una idea vaga, que podrías clarificar por un tiempo de reflexión. Es muy humano tener un sentido de identidad y de dirección.

Hace 2800 años, quizá cerca del año 760 antes de Cristo, Amós fue pastor y cultivador de higos en el reino del sur de Judá, en Tecoa, al sur de Jerusalén. Y debe de haber tenido sus propias ideas de cómo desarrollarían sus negocios y la vida de su familia. Y entonces el Señor entró y lo puso en otro camino. Oímos que Amós testifica en la primera lectura: “El Señor me sacó de junto al rebaño y me dijo: ‘Ve y profetiza a mi pueblo, Israel.'” El Señor lo envió del reino del sur al reino del norte de Israel, con la misión de entregar un mensaje profético, a una audiencia no muy receptiva. ¡Qué lejos de estar pastor en Tecoa! Amós había sido elegido; había sido llamado; había sido enviado; y sus planes habían cambiado.

Hace 2000 años, nuestro Señor Jesucristo andaba los caminos de la Tierra Santa, predicando y enseñando, sanando, haciendo milagros—y llamando a discípulos. Leemos en el Evangelio de cómo llamó a Pedro y Andrés, a Santiago y Juan, de su trabajo como pescadores en el Mar de Galilea (Mt 4, 18-22); y de cómo llamó a Mateo de su trabajo en una oficina de tributos (Mt 9,9); y a otros también (e.g., Felipe en Jn 1, 43). Todos también tuvieron sus planes; pero se levantaron, dejaron sus redes y sus barcas, y su oficina de tributos, y lo siguieron a Jesús.

Y hoy oímos de cómo los envió en una misión, cuyas metas y actividades y sitios y gente y recursos fueron muy distintos. ¡Viajaron hacia sitios y gente que no conocieron! Y no traían su equipo de pescar; no traían ni pan, ni mochila, ni dinero, ni una segunda túnica. Pero, en lugar de estos, traían la autoridad, el poder, que Cristo les había dado; y, en vez de pescar o recaudar impuestos, expulsaban a los demonios y curaban a los enfermos. Los discípulos habían sido elegidos; habían sido llamados; habían sido enviados; y sus planes habían cambiado.

Y así también tú y yo hemos sido elegidos y llamados. ¿Qué oímos del San Pablo, repetido, en la segunda lectura? Él nos eligió; estábamos destinados; ustedes han sido marcados.

  • Porque el Padre te ha conocido—desde antes de que naciste, antes de que se concebiste. Él nos eligió en Cristo, antes de crear el mundo.
  • Y por su amor, nos predestinó para ser adoptados hijos suyos por medio de Jesucristo—adoptados como hijos e hijas de Dios, logrado por el bautismo, adoptados en la Filiación divina de Cristo. Por Cristo, por su sangre, hemos recibido la redención, el perdón de los pecados.

Tú—tú, particularmente—no eres persona ordinaria. Has sido elegido; has sido llamado; has recibido un Padre nuevo, una familia nueva, un nombre nuevo, una identidad nueva.

Y tus planes han cambiado. Como continua San Pablo: “Con Cristo somos herederos también nosotros. Para esto estábamos destinados, por decisión del [Padre]… para que fuéramos una alabanza continua de su gloria.” El Catecismo (897), citando al Concilio Vaticano II, nos dice que

los cristianos … están incorporados a Cristo por el bautismo, … forman el Pueblo de Dios y … participan a su manera de las funciones de Cristo, Sacerdote, Profeta y Rey. Ellos realizan, según su condición, la misión de todo el pueblo cristiano en la Iglesia y en el mundo.

  • Tú has sido hecho partícipe en el carácter profético de Cristo: llamado a oír y creer su palabra, enseñada fielmente por la Iglesia; y a proclamarlo en el mundo con el testimonio de la vida y de la palabra. (904-05)
  • Tú has sido hecho partícipe en el carácter sacerdotal de Cristo: llamado a recibir su gracia, sobre todo por la Santa Comunión y la confesión; y a vivir todos los aspectos de tu vida como sacrificio espiritual y santo al Padre; especialmente (para los llamados al matrimonio) que vives el matrimonio cristiano y procures la educación cristiana de tus hijos. (901-02)
  • Tú has sido hecho partícipe en el carácter real de Cristo: llamado a vencer el pecado dentro de ti mismo, y sanear las estructuras y las condiciones del mundo, cambiándolas del pecado a la bondad. (908-09)

Tú has sido elegido; has sido llamado; has sido enviado; y tus planes han cambiado. Y ¿cómo afectarán cómo estarás después de 10 años; qué calificará como éxito; qué recursos usarás; y a quién agradarás? Y, ¿cómo afectan a ustedes que son niños o jóvenes y todavía tienen que discernir a qué estado de vida él los llama—al matrimonio y familia, o al sacerdocio, o a la vida religiosa?

A todos nosotros, implica que busquemos su voluntad—su mente, su corazón, su palabra, su caridad. Que preguntemos, “Señor, cómo quieres que viva yo como alabanza continua de tu gloria?” Y a veces la respuesta es, quédate dónde estás, haciendo lo que haces—pero por sus metas, usando sus recursos. O, a veces, la respuesta es, cambia—toma otro camino que lo que has anticipado. Pero, dirigido en cualquier dirección, y aún encontrando resistencia por el mundo, todo será alabanza continua de su gloria.

Como San Pablo escribió a los romanos (12, 1-2):

Por lo tanto, hermanos, los ruego por las misericordias de Dios que presenten sus cuerpos como sacrificio vivo y santo, aceptable a Dios, que es su culto racional. Y no se adapten a este mundo, sino transfórmense mediante la renovación de su mente, para que verifiquen cuál es la voluntad de Dios: lo que es bueno, aceptable y perfecto.

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¿Quieres mandar una carta al Padre Dan?

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