Recuerda quién te liberó

Eschucha mp3
III Domingo de Cuaresma, Año B: 11 Marzo 2012
Ex 20, 1-17; Sal 18; 1 Cor 1, 22-25; Jn 2, 13-25

En el principio de los Diez Mandamientos, oímos que el Señor recuerda a su Pueblo quién es y quiénes son, por todo lo que les ha hecho. “Yo soy el Señor, tu Dios, que te sacó de la tierra de Egipto y de la esclavitud.” “Yo lo he hecho. Tú no te liberaste a ti mismo; ni ningún otro dios ni criatura. Yo te liberé. Yo te rescaté. Yo los formé a ustedes como un pueblo. Yo los guardé, yo los guié. Y yo les doy la tierra prometida. No lo hizo ningún otro, ni en el cielo, ni en la tierra, ni en el agua, ni debajo de la tierra. Yo te doy la plenitud del gozo. Yo te doy la integridad. Entonces no te vayas buscando a otros. Busca a mí.”

Pero el Señor tuvo que repetir este mensaje una y otra vez a su Pueblo—y a nosotros ahora. Hemos oído muchas veces, en las Misas diarias de las dos semanas pasadas, sus palabras por los profetas del Antiguo Testamento—animando a su Pueblo que no hagan sus vidas una mezcla contradictoria. Porque era fácil ofrecer sacrificios y oraciones y fiestas religiosas por un lado, mientras que permanecieron impuros y explotaron a otros y adoraron a otros dioses por el otro. A veces, pensaban en sus sacrificios como sobornos para que Dios pasara por alto sus pecados. Pero él tuvo que decirles que sus actos de adoración no debían de ser sobornos contradiciendo a sus vidas—sino señales manifestando el amor y la obediencia de sus vidas totales.

¿Por qué? ¿Por querer oprimir a nosotros? ¡No! Para darnos el gozo verdadero, la bendición verdadera. Cristo dijo, “Yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia.” (Jn 10, 10) Y él sabe que tendremos esta vida sólo si formamos nuestras vidas centradas en él que nos creó y nos redimió.

Una y otra vez ellos distinguieron días consagrados al Señor—y entonces los dieron a otras personas y preocupaciones. Una y otra vez ellos distinguieron sitios consagrados al Señor—y entonces los dieron a otros dioses y actividades. Entonces, una y otra vez, los profetas tuvieron que decir: limpien sus vidas. Y nuestro Señor Jesucristo dijo: limpien sus vidas. Y hoy, en el Evangelio, vemos que él mismo realizó una parte de esta limpieza.

El sitio era el gran Templo en Jerusalén—que era el edificio en el centro, rodeado por atrios y patios concéntricos: el patio de los sacerdotes, el patio de los Israelitas, el patio de las mujeres, y al final el patio de los Gentiles—de los paganos no del Pueblo de Israel que llegaron a ser atraídos a la adoración del Dios verdadero. Y sucedió dentro del complejo del Templo—es probable que fue dentro del patio de los Gentiles—que los animales sacrificiales se compraban y vendían, y las monedas se cambiaban.

¿Era mal comprar y vender animales, o cambiar las monedas? No, era bueno y necesario para la adoración de Dios. Entonces, ¿cuál era el problema? El problema era el lugar. No sucedieron en el parte de la ciudad designada para esta actividad, sino había movido hasta el Templo mismo: lo que debería de ser una casa de oración y adoración había conquistado por los negocios del mercado. Ellos habían olvidado quién los liberó, quién los formó. Habían invitado a otros al sitio consagrado al Señor.

Esto nos presenta una analogía muy evocativa—porque Cristo habla de su cuerpo como un templo. Y San Pablo escribió a los corintios: “¿No sabéis que sois templo de Dios y que el Espíritu de Dios habita en vosotros?” (1 Cor 3, 16) Sabemos que Cristo vivía de manera perfectamente consagrada a su Padre, como un templo muy digno. Y, ¿vivimos también así? Cuando tú recibiste el bautismo en Cristo, te hiciste un templo también. ¿Vives de manera santa y consagrada al conocimiento y adoración de Dios? ¿O te han conquistado los negocios del mercado?

Examina tu horario. Examina tu talonario de cheques. La Cuaresma es un tiempo para examinarte a ti mismo con atención, para limpiar cualquiera sea contraria a la natura del templo que el Señor te ha hecho.

  • ¿Muestra tu horario, en todas las semanas y todos los días, que tú das el primer lugar al Señor tu Dios?
  • ¿Muestran tu horario y tu talonario que usas tus dones del tiempo, talento, y tesoro para su servicio y su gloria?
  • ¿Piensas que encontrarás el gozo verdadero de alguna otra persona o actividad, además del Señor?

Entonces la Cuaresma es el tiempo conveniente para reenfocar. Para una limpieza de la casa. Para una limpieza del templo.

“Yo soy el Señor, tu Dios, que te sacó de la tierra de Egipto y de la esclavitud.” Recuerda quién eres. Recuerda quién Él es. Y abraza de nuevo a tu primer amor (cf. Ap 2, 4).

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