Tienes ante ti la vida y la muerte. ¡Escoge la vida!

Eschucha mp3
III Domingo Ordinario, Año B: 22 Enero 2012
Jon 3, 1-5.10; Sal 24; 1 Cor 7, 29-31; Mc 1, 14-20

El Señor habló a Jonás, y le mandó que vaya a la ciudad de Nínive y predique un mensaje del arrepentimiento. Y Jonás lo hizo.

¡Pero esto pasó en el capítulo 3! Si recuerdes el capítulo 1, el Señor dio a Jonás el mismo mandamiento; y Jonás se negó y se fue en dirección contraria. No fue por el camino al noreste a Nínive, sino al oeste a la costa del mar, para embarcar hasta el punto más oeste que había oído. ¿Por qué? Porque Nínive era la capital de un imperio que cometió atrocidades terribles. Jonás tenía miedo de ellos, con buena razón, y quería que fueran destruidos. Y dijo al Señor: “sabía yo que tú eres un Dios clemente y compasivo, lento para la ira y rico en misericordia, y que te arrepientes del mal.” (Jon 4, 2)

Pero cuando Jonás llegó allá, y predicó sólo un día, toda la cuidad respondió, cambiando su manera de vivir y mostrando el dolor por sus pecados. ¿Por qué respondieron tan rápidamente? No lo sabemos. Pero, de alguna manera, vinieron a entender algo que había dicho Moisés hace unos siglos: “He puesto ante ti la vida y la muerte, la bendición y la maldición. Escoge, pues, la vida…” (Dt 30, 19)

Debemos entender que los mandamientos morales del Señor no son arbitrarios. Él no quiere impedir nuestra diversión. No se parecen a las leyes y señales del tránsito, que son buenas pero podrían ser distintas. No, los mandamientos morales dados por Dios, y enseñados fielmente por la Iglesia, están tallados en nuestro ser. Corresponden a nuestra naturaleza; a la naturaleza del universo; a la naturaleza del Dios, nuestro Creador. Cuando rompemos un mandamiento y elegimos el contrario del bien, hacemos daño a otros y a nosotros mismos.

Así no es una sorpresa que nuestro Señor Jesús, empezando su ministerio público en la lectura del Evangelio del hoy, proclamó un mensaje de arrepentimiento: de alejarse de la muerte y elegir la vida. Porque más tarde él diría: “Yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia.” (Jn 10, 10) Claro que nos animó cambiar nuestra manera de vivir y elegir la vida.

Y así harían sus apóstoles, que llamó y prometió hacerlos pescadores de hombres. Y así lo hacemos nosotros también.

Lo hacemos, ¿no? Mmm, ¡quizá no! Quizá tememos de decir a otros que necesitan arrepentirse—no por odiarlos, como Jonás, sino por temer que van a reaccionar mal a nosotros y a Cristo. Y es bueno pensar en su reacción. Pero debemos recordar que, mientras que perseveran en hacer el mal, hacen daño real a sí mismos y a otros. Nuestro mensaje—de cambiar y elegir la vida—es un mensaje de la esperanza, que les dará mucha bendición cuando estén capaces de oírlo. Y quizá están listos, ya, aunque no lo sabemos.

Hoy, el 22 de enero, marcamos el aniversario de la decisión legal Roe v. Wade, que hizo legal el aborto provocado en los Estados Unidos, hace 39 años. Y claro que es un tema susceptible que provoca el debate, y es una acción que nadie quiere admitir. Pero, en esta realidad también, el Señor en su caridad nos anima a elegir la vida: a elegir la vida del bebé; la vida nuestra; la vida de las personas que ya conocemos y amamos. Porque el daño hecho por el aborto provocado ha sido enorme: 50 millones de niños norteamericanos destruidos desde 1973; y dieces de millones de personas heridas. Unos 40% de mujeres norteamericanas tendrán a lo menos un aborto provocado antes de cumplir 45 años; y una porción semejante de los hombres han sido afectados también.

Ciertamente este número incluye muchos que tú conoces; quizá te incluye a ti. Quizá te sientes el único; pero no lo eres. Quizá te sientes que nadie conoce tu dolor secreto; pero el Señor lo conoce, y lo conocen muchos que se preocupen por esta herida. Ellos saben que puedes sentir la culpa y el pesar; la tristeza y la desesperanza; como si no podrías estar perdonado. Pero el Señor es clemente y compasivo, rico en misericordia. Desea abrazarte y sanarte.

Nuestro Señor Jesús llamó a pescadores a llegar a ser pescadores de hombres; llamó a los que estaban remendando sus redes a llegar a ser remendadores de corazones. ¿Qué tipo de remender, qué tipo de sanar, nos llama a dar y a recibir?

  • El amor de un amigo paciente y compasivo, que escucha bien y ama a ella que ha sufrido del aborto.
  • La misericordia y el perdón encontrados en la confesión, el sacramento de la reconciliación.
  • El soporto entrenado disponible por el Proyecto Raquel para sanar esas heridas.
  • Y el soporto práctica disponible por el Red Gabriel, para que nadie sea empujado al aborto provocado por circunstancias difíciles.

Puedes leer más de estos en el boletín y en el tablón de anuncios—para ver cómo puedes recibir la sanación que necesitas o dar la sanación que otros necesitan.

Tienes ante ti la vida y la muerte, la bendición y la maldición. Escoge, pues, la vida. Mañana pasará la gran Marcha por la Vida, y todos los eventos que la rodean. Serán hermosos y gozosos, llenos de la vida y la esperanza. El Verizon Center y la Armory serán llenos de jóvenes animados a valorar la vida de todos los seres humanos, en todas las etapas de la vida—inclusive los que necesitan apoyo adicional. Serán enseñados a amar y a dar. ¡Qué cultura se forma! Una cultura de la vida.

Nuestro Señor vino para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia. Escoge la vida.

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