Con la Virgen María como madre y guía, ¡sé lo que eres!

Eschucha mp3
Santa María, Madre de Dios: 1 Enero 2012
Nm 6, 22-27; Sal 66; Gal 4, 4-7; Lc 2, 16-21

“Cumplidos los ocho días, circuncidaron al niño y le pusieron el nombre de Jesús.”

Hoy llegamos al día octavo de la octava de Navidad. Ésta es una práctica de la Iglesia: las fiestas más importantes, para que no desaparezcan demasiado rápido, celebramos no sólo un día, sino regresamos a ellas otra vez en el día octavo, como un eco. O las celebramos en todos los ocho días, cambiando un día en ocho. Y así, actualmente, celebramos la octava de Navidad y la octava de la Pascua.

Y tenemos una razón muy natural para celebrar la Navidad así porque, como oímos, en el día octavo después de su natividad, nuestro Señor fue circuncidado y dado el nombre de Jesús.

  • Por eso, hoy celebramos la fiesta de la Circuncisión del Señor. O, no, el día ahora no tiene ese nombre—aunque algunos de ustedes recordaron cuando lo tenía, hasta el año 1960. Todavía recordamos el evento de su circuncisión, cuando nuestro Señor se sometió al Ley dado a su Pueblo de Israel, y cuando derramó su sangre la primera vez. Pero el día no tiene ese nombre.
  • En su lugar, celebramos el Santísimo Nombre de Jesús. No, no lo hacemos hoy tampoco; ahora tenemos la opción de celebrarlo en el tercer día de enero.

No, en estos 40 años, más o menos, hemos regresado a una costumbre aún más antigua, que la ciudad de Roma practicó en muchos siglos anteriores—de celebrar la maternidad divina de la Virgen María en este día octavo de la Navidad.

Pero, ¿por qué celebrar un dogma de la Virgen María en esta Octava? ¿No divierte nuestra atención de Jesucristo y su natividad? No, no lo hace. De verdad, toda la verdad sobre la Virgen María, y toda devoción a ella, entendida y practicada correctamente, nos guían a su Hijo Divino. Y ese fenómeno sucede también en el caso de esta enseñanza.

Por lo menos, desde el siglo tercero, encontramos el título “Theotokos” aplicado a ella—que significa, in griego, “la que dio a luz a Dios,” o “Madre de Dios.” Y sucedió que este nombre fue usado mucho por el pueblo cristiano. Entonces, en el año 428, el Patriarca de Constantinopla, llamado Nestóreo, empezó a oponerse a este uso. Y lo hizo por su creencia errónea sobre qué es Cristo. Nestóreo y sus discípulos creyeron que Cristo no era una persona, sino dos: una Persona Divina morando dentro de una persona humana. Por eso, se opusieron al llamar a María la Madre de Dios, porque pensaron de ella como madre de la persona humana pero no de la Persona Divina.

Pero entonces la Iglesia definió con claridad, en los Concilios de Éfeso y Calcedonia, que nuestro Señor Jesucristo no es dos personas, sino una Persona con dos naturalezas. Y esa una Persona Divina—el Verbo, Hijo unigénito de Dios, nacido del Padre antes de todos los siglos, Dios verdadero de Dios verdadero, de la misma naturaleza del Padre—esta Persona asumió también nuestra naturaleza humana y nació de nuevo en el tiempo, con la Virgen María como su madre verdadera. Porque la Virgen María así es, en realidad, la madre de esta una Persona, Jesucristo, que es Dios—conviene llamarla la Madre de Dios, como dijo el Concilio de Éfeso en 431.

Afirmar esto nos ayuda en dos maneras. Primero, nos señala la verdad de la Persona de Cristo. Nuestro Señor Jesucristo, nacido en el Día de la Navidad, no es sólo otro santo con una buena relación con Dios; no es otro maestro, ni otro profeta, ni otro guía espiritual. Es el único Hijo de Dios hecho hombre; Dios verdadero hecho uno de nosotros, verdaderamente. Y así es distinto de todos los humanos que han vivido, distinto de todas las filosofías y religiones y maneras de vivir. Quién es y qué hace por nosotros es único e irremplazable.

Y eso nos dirige al punto segundo. Por todo eso, cuando somos “en Cristo”—cuando somos sumergidos en Cristo, unidos con él en el bautismo—entonces recibimos la adopción en él, como escribe San Pablo en la lectura segunda. Entonces somos adoptados como hijos—de Dio Padre como nuestro padre, y de la Virgen María como nuestra madre. Es el razón de su venir. Es la vida transformada que sólo él nos puede dar.

Meditemos en esto en este punto del comienzo del Año Nuevo de 2012. Todos, si hemos sido bautizado en Cristo, hemos sido adoptado como hijos del Dios eterno. ¿Vivimos así? Imagínalo: si habrías sido adoptado, cuando eras niño, por un rey terreno o un presidente u otra persona muy importante—¡qué diferencia habría hecho en tu vida y en las expectaciones de cómo deberías vivir! Bien, de verdad, ¡has sido adoptado por Dios Padre! ¿Vives así? ¿Vives con la misma relación al Padre que tenía Jesús? ¿La misma obediencia; el mismo amor; el mismo deseo para hacer la voluntad del Padre?

Y también has sido adoptado por la Virgen María como tu madre. ¿Te pareces a ella? ¿Tienes su fe; su confianza en Dios; su disposición de decir “sí” a cualquiera que Dios la pediría? ¿Tienes su compasión por otros? ¿Su humildad? ¿Su hábito de meditar en todas estas cosas?

El Papa Juan Pablo II escribió, “¡Sé lo que eres!” Esto es tu identidad, lo que eres, por tu bautismo. ¡Sé lo que eres! Mientras que entras en este Año Nuevo, que dejes que esta identidad cambie tus prioridades, tus acciones, tu vida entera. Con la Virgen María como tu madre y tu guía, ¡sé lo que eres!

+

¿Quieres mandar una carta al Padre Dan?

Advertisements

The URI to TrackBack this entry is: https://frdangallaugher.wordpress.com/2012/01/01/con-la-virgen-maria-como-madre-y-guia-se-lo-que-eres/trackback/

%d bloggers like this: