Después de todos los lugares equivocados, la samaritana finalmente encontró lo que buscaba

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III Domingo de Cuaresma, Año A: 27 Marzo 2011
Ex 17, 3-7; Sal 94; Rom 5, 1-2.5-8; Juan 4, 5-42

Porque somos seres corporales—porque no somos sólo almas sino una combinación de alma y cuerpo—somos caracterizados por la sed; y el hambre. Sed del agua; hambre del alimento; y también de otras cosas: necesitamos también la ropa y el refugio; la seguridad. Y otras cosas más intangibles: hambre del sentido, y del logro; sed del amor, y aún más.

Y, cuando nos falta alguna de estas necesidades de duración muy larga, se puede decir de nosotros—como del Pueblo de Israel en el desierto en la primera lectura—que estamos torturados por la sed. Lo necesitamos; pero nos falta; estamos torturados por la sed. Y ¿qué haremos para satisfacer esta sed?

Sabemos que las personas humanas hemos hecho muchas acciones diversas en seguir el alimento, el agua, el refugio, la seguridad, el logro, el sentido. Pero lo que domina muchas canciones, muchas películas, muchas telenovelas, y otras obras de la cultura alta o popular—es la busca del amor. ¡Cuántos cuentos se han contado! ¡Cuántos cuentos quizá has vivido!—en busca del amor. Y cuántos caminos equivocados se han intentado—que hacen daño, o son callejones sin salida; o conducen a un estado de estar perdido, lejos del camino recto, ensuciado por el pecado.

Ésa es la situación de la samaritana en la lectura del Evangelio—que vino sola para sacar agua, en el mediodía; no con las otras mujeres en el fresco del día, porque era desgraciada y excluida. Había buscado amor—había “buscado amor en todos los lugares equivocados.” Y su camino de equivocaciones la había conducido al punto de que, como Jesús reveló, había tenido cinco maridos y entonces tenía a uno que no fue su marido. Ella estaba torturada por la sed, aunque había intentado mucho.

¿No es la samaritana un representante de nuestro mundo actual? Cristo nos ha llamado, por su palabra y su Iglesia, a andar en el camino de la castidad. Hay que mantenernos a nosotros puros de mente y ojo y cuerpo:

  • la imaginación pura, sin entrar en las fantasías;
  • la vista pura, no mirando ninguna forma de la pornografía;
  • el cuerpo santo, sin ocuparnos en actos sexuales, ni solos, ni con ninguna otra persona a la cual no estamos casados.

Y ese matrimonio debe ser santo:

  • debe ser válido, juntado en la Iglesia Católica o con el permiso del obispo, y no sólo en una oficina civil o en otra comunidad eclesiástica;
  • debe ser permanente, y fiel, y para el bien de los esposos;
  • debe ser abierto al don de la vida, escuchando con atención la llamada de Dios, sin usar ningún método de contracepción artificial, sino solo la Planificación Familiar Natural, como enseña la Iglesia.

Y sabemos que muchos hoy viven muy lejos de este dibujo que Cristo nos ha mostrado y al cual nos ha llamado. Quizá Uds. mismos caen con frecuencia de su camino, o han elegido un estado de vida fuera de el. Por lo menos, lo cierto es que conocen Uds. a muchos que han salido de su camino y ahora vagan lejos y perdidos.

A todos ellos, y a todos nosotros, a ti mismo, el Señor Jesucristo llega a nuestro pozo, en nuestro propio pueblo, tan remoto como sea, en cualquiera hora cuando estemos aquí. Por sorpresa, aquí está. Y nos dice:

  • “Dame de beber.”
  • Pero—¿cómo es que tú me pides de beber a mí? ¿No sabes quién soy, cómo soy, cómo vivo?
  • “Sí,” responde, “y estoy sediento de ti. Estoy sediento de tu fe. Tengo lo que necesitas, lo que siempre has buscado: el agua viva.”
  • Pero—¿cómo vas a darme agua viva? ¿Eres el Mesías?
  • “Soy yo. Si me respondes con la apertura y la receptividad de la fe, pondré dentro de ti un manantial capaz de dar la vida eterna.”
  • Pero, ¿cómo puedes hacerlo? ¿Cómo puedo confiarte?

Y San Pablo nos explica en la segunda lectura:

Difícilmente habrá alguien que quiera morir por un justo … y la prueba de que Dios nos ama está en que Cristo murió por nosotros, cuando aún éramos pecadores.

Dios ha infundido su amor en nuestros corazones. ¿Lo hemos recibido verdaderamente—con la fe? ¿con la confianza y valor de seguirlo en el camino al cual nos invita? Jesús nos dice: Los que adoran a Dios deben hacerlo en espíritu y en verdad.

La Cuaresma es un tiempo especial de gracia para dejar atrás el pecado y seguir de nuevo a nuestro Salvador.

  • En todos los miércoles de la Cuaresma, en esta parroquia y todas las parroquias en el área metropolitana de Washington DC, se ofrece la oportunidad de recibir el Sacramento de Reconciliación. El programa se llama “La Luz Está Encendida Para Ti”; y, de las 6,30 hasta las 8 de la noche de los miércoles, este sacramento de la misericordia y la conversión está ofrecido.
  • Y, si necesitan ayuda en arreglar tu estado matrimonial, por favor, habla con el Diácono Brandon Justice. Aunque yo celebro la misa aquí sólo en el domingo cuarto de cada mes, el Diácono Justice se le asigna a esta parroquia y puede ayudarles en muchos temas.

Nuestro Salvador nos invita a dejar atrás el pecado y seguirle más cerca, para que podamos recibir el amor de Dios infundido en nuestros corazones; para que no seamos torturados por la sed, aunque hemos intentado muchos caminos falsos; sino que, por fin, tengamos y conozcamos al manantial capaz de dar la vida eterna. Señor, que no seamos sordos a tu voz. No endurezcan su corazón.

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¿Quieres mandar una carta al Padre Dan?

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