Adviento: Nuestro Señor viene al salvarnos

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I Domingo de Adviento, Año A: 28 Noviembre 2010
Isa 2, 1-5; Sal 121; Rom 13, 11-14; Mat 24, 37-44

En la primera lectura de hoy oímos una descripción muy bella del mundo que ha de venir. Todas las naciones irán juntas al monte de la casa del Señor. Las divisiones que conocemos hoy habrán sido reparadas: sus lenguas distintas, dejadas atrás; sus envidias, disueltas; sus violencias, permanentemente terminadas, porque de las espadas forjarán arados y de las lanzas, podaderas; ya no alzará la espada pueblo contra pueblo, ya no se adiestrarán para la guerra.

¡Qué bella descripción! Pero, ¿cómo vendrá tanta paz? ¿Es algo que podemos comprar en una tienda muy grande? ¿Es algo que un partido político, o un presidente o parlamento, puede legislar? Si trabajamos todos juntos con mucha fuerza, ¿podremos realizar esta visión?

La respuesta es “no”: y esta respuesta nos protege de todo lo que nos prometen falsamente las fuerzas comerciales, que quieren sacar nuestro dinero; o las fuerzas políticas, que quieren sacar nuestro voto y el don del poder temporal; o cualquier humano que nos prometa algo para ganar de nosotros lo que quiere sacar. El Catecismo nos dice:

[CIC 676] Esta impostura del Anticristo aparece esbozada ya en el mundo cada vez que se pretende llevar a cabo la esperanza mesiánica en la historia, lo cual no puede alcanzarse sino más allá del tiempo histórico a través del juicio escatológico

Ya estamos rodeados por las promesas comerciales de los regalos materiales de la Navidad; tan semejante al mes pasado cuando estábamos rodeados por las promesas políticas.

Pero hoy comenzamos el Tiempo del Adviento, cuando nos enfocamos otra vez en la gran promesa verdadera de nuestro Señor Jesucristo: que él de nuevo vendrá con gloria para juzgar a vivos y muertos, y su reino no tendrá fin. Sólo Cristo puede darnos la paz completa. Sólo Cristo puede darnos la unidad perfecta. Sólo Cristo puede cumplir los deseos más profundos de nuestros corazones. Y por eso, esperamos su Adviento, su venida, la venida de nuestro Salvador.

¿Cuándo vendrá nuestro Señor Jesucristo? Eso no sabemos. Como el Señor nos dice en la lectura del Evangelio: “No saben qué día va a venir su Señor.” Pero sabemos que, sí, él vendrá; y sabemos que el día de su venida nos acerca día en día. El apóstol San Pablo nos anima en la segunda lectura: “Ahora nuestra salvación está más cerca que cuando empezamos a creer.” Por eso, hay que estar preparados—preparados para encontrar al Señor cuando él venga o cuando nosotros muramos—estar preparados hoy, y mañana, y el día siguiente, y en todos los días que vienen.

“Velen, y estén preparados,” el Señor Jesús nos dice. Sí, Señor: queremos estar preparados para tu venida y la de tu reino glorioso. Pero, ¿cómo nos preparemos? Tengo tres sugerencias para todos nosotros en este Tiempo del Adviento.

Primero, ¿hay pecado en tu vida que necesitas sacar? En la segunda lectura, San Pablo nos dice: Desechemos las obras de las tinieblas; y nos da tres categorías del pecado que necesitamos desechar:

  • Primero, comilonas y borracheras, que significan la indulgencia de nuestros apetitos para la comida o la bebida o cualquier otra cosa, hasta el punto de empezar a controlar nuestras vidas y hacer daño a nosotros o a otros.
  • Segundo, lujurias y desenfrenos, que significan el practicar del pecado sexual, atrás del santo matrimonio, o de los pensamientos o acciones impuros.
  • Tercero, pleitos y envidias, que significan nuestras maneras de pensar mal o hacer daño a otros, para ganar algo para nosotros mismos.

De todas estas obras de las tinieblas, estos pecados, desechémoslos en este Tiempo del Adviento.

Segundo, ¿haces sitio para el Señor Jesús en tu vida cada día? En la lectura del Evangelio, él nos habló de cómo en tiempos de Noé, la gente comía, bebía y se casaba. Todas estas acciones son buenas y saludables y necesarias. Pero ¿empujan de nuestras vidas nuestra relación al Señor Jesús? El trabajo, o la familia, o los estudios, o cualquier actividad: ¿empujan de nuestras vidas un tiempo diario para el orar y meditar; para estar con nuestro Señor? Este Tiempo del Adviento te da la invitación y la oportunidad de hacer sitio para dar la bienvenida diaria al Señor en tu vida y tu corazón.

Tercero, ¿has compartido la Buena Noticia del Adviento con otros? Hay muchos que tú conoces que ahora mismo sufren de formas de tinieblas en sus vidas; y necesitan recibir el don de la esperanza en la promesa del Adviento que viene el amanecer; que viene la Luz del Mundo. ¡Tú mismo posees ese mensaje de la esperanza! El Cardenal Wuerl, en su Carta Pastoral sobre la Nueva Evangelización, nos dijo:

Nosotros podemos hacer que nuestros vecinos, compañeros de trabajo y aún, en algunos casos, miembros de nuestra propia familia, escuchen otra vez, como por vez primera, la buena noticia. … en esto somos protagonistas de la esperanza.

Hay muchas maneras de compartir la Buena Noticia. Y en este Adviento, el arquidiócesis te provee otra manera: un letrero que puedes poner en tu jardín o en una ventana como una invitación para descubrir la Luz del Mundo en estos días. Creo que estos letreros llegarán a las parroquias en el próximo fin de semana.

A ellos, y a todos nosotros, este Tiempo de Adviento nos da la promesa firme de que el Señor Jesucristo vendrá pronto, y su reino no tendrá fin. Él nos traerá el mundo de la paz, la unidad, y la abundancia que deseamos, pero que no podemos alcanzar sino por él. Por eso, ¡nos preparemos ahora para darle la bienvenida pronto!—desechemos el pecado de nuestras vidas; hagamos sitio para la oración diaria; y compartamos la Buena Noticia con los que no lo conocen. ¡Casa de Jacob, en marcha! Caminemos a la luz del Señor.

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¿Quieres mandar una carta al Padre Dan?

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