La importancia de evitar las redes de la riqueza

Eschucha a la mp3
XXVI Domingo Ordinario, Año C: 26 Septiembre 2010
Amós 6, 1.4-7; Sal 145; 1 Tim 6, 11-16; Luc 16,19-31

La parábola que oímos hoy en la lectura del Evangelio es dirigida a los ricos. Recuerdan que, en la semana pasada, oímos la parábola del mal administrador. Y después de contar esa parábola, Jesús añadió en su explicación: “No pueden ustedes servir a Dios y al dinero.” Y entonces, en el versículo siguiente, leemos que: Al oír estas cosas, los fariseos, que son amantes del dinero, se burlaban de Jesús. Aunque los fariseos quisieron ser justos, eran ciegos en unas áreas morales, y así muchas veces se opusieron a nuestro Señor Jesús: inclusive en este tema de cómo es el uso justo del dinero.

Y Jesús respondió por contarles esta parábola de Lázaro y del hombre rico; que es una parábola que comunica, con mucha fuerza, el mensaje que es necesario, no sólo evitar hacer daño a los pobres y los necesitados, sino que debemos dar la ayuda a los pobres y los necesitados. Omitir esta ayuda es un pecado grave de la omisión, que lleva una pena eterna, si no se arrepiente el pecador. Por eso, los recipientes que esta parábola desea primeramente son los ricos. Les anima a ser generosos y verdaderamente misericordiosos, como es Dios; y quizá les hace un poco incómodos.

Pero, ¿cómo se sientan los pobres después de oír la parábola? Ellos se identifican con el méndigo Lázaro, y así reciben una consolación—porque oímos que Lázaro, en su vida, recibió males, y por eso él goza ahora de consuelo. Es un mensaje semejante a lo de las Bienaventuranzas, en las cuales Jesús nos promete que el llorar y el sufrir en este mundo, especialmente para el Evangelio y la justicia, serán recompensados en el siguiente.

Pero, ¿qué de otro tipo de persona?—¿de alguien que empieza pobre como Lázaro, pero no llagado ni inmóvil como Lázaro—y así puede trabajar e intentar a mejorar su condición material? Ésta es una historia que ha sucedido muchas veces en este país, que se presenta como una tierra de la oportunidad. ¿Qué hemos estado enseñado sobre este cambio de una condición a otra?—¿de la condición de Lázaro hasta, quizá, la condición del hombre rico?

Claro que es bien e importante que alguien trabaje para proveer una vida digna y saludable para sí mismo y su familia. El Concilio Vaticano Segundo escribió: “El trabajo debe ser remunerado de tal modo que se den al hombre posibilidades de que él y los suyos vivan dignamente su vida material, social, cultural y espiritual.” [Gaudium et spes 67, cit. CIC 2434]

Pero hay una línea que debemos tener cuidado de no cruzar. El décimo mandamiento prohíbe la avaricia y el deseo de una apropiación inmoderada de los bienes terrenos. [CIC 2536] El apóstol San Pablo escribió a San Timoteo, en los versículos antecedentes de nuestra segunda lectura del hoy:

Los que a toda costa quieren hacerse ricos, sucumben a la tentación, caen en las redes del demonio y en muchos afanes inútiles y funestos, que hunden a los hombres en la ruina y en la perdición. Porque la raíz de todos los males es el afán de dinero, y algunos, por dejarse llevar de él, se han desviado de la fe y se han visto agobiados por muchas tribulaciones.

La verdad es que los que se hacen ricos en la riqueza material pueden hacerse pobres en la riqueza personal, familiar, o espiritual. La Bendita Madre Teresa de Calcuta, que sirvió tan fielmente a los más pobres de los pobres de aquella ciudad de India, dijo que muchas veces ella descubrió que los ricos son más pobres; que se sienten más solitarios y nunca satisfechos.

Es muy importante que no nos vendamos como esclavos del negocio, esclavos del dinero; que no demos en cambio nuestra paz y alegría para unas cosas materiales y caras; que no demos en cambio el tesoro que nuestros niños, o nuestros padres o hermanos, necesitan de nosotros—nuestro amor y tiempo y atención—para darles unos lujos materiales que no necesitan. Es importante que no nos hagamos pobres familiarmente y personalmente.

Y también es importante que no nos separemos de nuestro Dios generoso; que no nos separemos de nuestro Señor Jesucristo, que mostró un desprendimiento de las riquezas y dio su vida entera—el vivir y el morir—para nosotros. Es importante que no nos hagamos pobres espiritualmente.

San Pablo continúa sus instrucciones a Timoteo, en los versículos que siguen la lectura segunda:

A los ricos en este mundo, enséñales que no sean altaneros ni pongan su esperanza en la incertidumbre de las riquezas, sino en Dios, el cual nos da abundantemente todas las cosas para que las disfrutemos. Enséñales que hagan bien, que sean ricos en buenas obras, generosos y prontos a compartir, acumulando para sí el tesoro de un buen fundamento para el futuro, para que puedan echar mano de lo que en verdad es vida.

Lo que en verdad es vida. Sabemos que “No sólo de pan vive el hombre, sino también de toda palabra que sale de la boca de Dios.” [Mat 4, 4] Que conquistemos la vida eterna a la que hemos sido llamado. Que no utilicemos a las personas y amemos las cosas; sino que amemos a las personas y utilicemos las cosas. Y que un día el rey de los reyes y Señor de los señores nos diga: “Vengan, benditos de mi Padre; tomen posesión del Reino preparado para ustedes desde la creación del mundo.” [Mat 25, 34]

Add to FacebookAdd to DiggAdd to Del.icio.usAdd to StumbleuponAdd to RedditAdd to BlinklistAdd to TwitterAdd to TechnoratiAdd to Yahoo BuzzAdd to Newsvine

¿Quieres mandar una carta al Padre Dan?

Advertisements
Published in: on September 26, 2010 at 10:00 pm  Leave a Comment  
Tags: , , , , , , ,

The URI to TrackBack this entry is: https://frdangallaugher.wordpress.com/2010/09/26/la-importancia-de-evitar-las-redes-de-la-riqueza/trackback/

%d bloggers like this: